Dejando a psicólogos y sociólogos interpretaciones profundas, no cabe duda de que si hubiese que establecer un rating de los juegos infantiles en la primera mitad del siglo, para las niñas estarían a la cabeza las rondas, por eso aún se graban cd con las más clásicas; el ruido ambiente no sofoca la gracia de la farolera, arroz con leche, sobre el puente de avignon, la paloma blanca y varias otras. las coreografías podían ser levemente distintas no solo en cada ciudad, sino en cada barrio y hasta en cada familia, lo constante eran las manos tomadas y el canto-cuento de viejas letrillas, franjas de vida y sueños, nada menos.

La gallina ciega. La chica con ojos vendados, que estaba en el medio de la ronda debia adivinar; tocandole la cara, quien quedaba enfrente de ella.
Hasta bien entrado el siglo, el juego predilecto entre los chicos había sido quizás el vigilante-ladrón, usualmente mentado vigi y derivado hoy a poliladron la cacería podia incluir armas de juguete o dedos esgrimidos imagtnativamente. Vivo o muerto era la opción: si vivo, no cabía resistencia; si muerto, el abatido debía sobreactuar las heridas y desplomarse a lo bogart. es sabido que aun los niñitos más educados y pulcros pugnaban por asumirse como delincuentes perseguidos y no como policías justicieros. esa preferencia también deberia ser explicada a la luz de la historia, la sociedad y el cinematógrafo.
En toda época los niños gustaron simular combates cuerpo a cuerpo. Hasta hace poco el juego se inspiró en la lucha olímpica o el boxeo del marqués de Queensberry. En uno y otro caso era villanía descalificante -hasta en broma- atacar con codos, rodillas o pies igualmente siempre cupo que de las fintas se pasara al cachetazo y de allí al uso franco del puño cerrado. Las riñas concluían -según edades- por caída o fuga, llanto o primerisima sangre nasal, a lo sumo. El auge de las llamadas artes marciales derogó las viejas y nobles reglas: en las últimas décadas los colegiales descargan energía en combates que asustan. Incluso muchas niñas saben lanzar patadas voladoras.

Siempre hubo juguetes soñados y carísimos. Los autos con propulsión eléctrica y los trencitos Lionel ya existían en los años treinta; las grandes jugueterías ofrecían palacios para muñecas y cuarteles para las colecciones de soldaditos de plomo. Sin embargo, hasta en las familias adineradas solian ser irrisorios los costos de entretenimiento de los niños. Su imaginación, acaso menos estimulada y más disponible que lo que después estaría, aportaba constantemente soluciones al aburrimiento tan temido.
A veces todo se resolvía con mínima inversión, una pelota de cuero con tiento podía costar sus pesos, pero las Pulpo de goma apenas centavos. La bicicleta seria apreciada por cualquier niña, aunque unos económicos aros de mimbre también le proveían salud y alegría. Los Schuco eran réplicas cuidadas de los Racers europeos, pero en tiempos de grandes premios de carretera todos los chicos jugaban con baratísimas cupés de hojalata mejoradas con masilla. Y una chica podía amar más a su muñeca de trapo con trenzas de lana que a una tersa vampiresa de alto precio.
La artesania era transferida de unos niños a otros, y así entraban también en posesión de juguetes sin valor en metálico pero entrañables.
La pelota de trapo o simplemente de papel fue el más clásico. Un palo de escoba podía tornarse caballo o espada o bate para el sub-beisbol de la billarda. De una hoja de papel obtenían en segundos un barco o un avión.
Las niñas, con banquetas o sillas y alguna manta, inventaban chaléts o vagones. Piedritas o carozos servían para jugar a la payana o dinenti; botones, carreteles o lápices brotaban variantes del trompo, el metegol o el yoyó. Un cañito era ya una cerbatana, los elásticos valían para honda temible o sereno rompecabezas, las tapitas de bebidas para mil otros ingenios.
Los chicos eran lo bastante creativos como para entretenerse casi sin otro costo que el de su energía y su instinto social, las reglas de cada juego servían para aprendizaje de legislación y ejercicio de derechos y obligaciones; las discusiones y hasta las rencillas enseñaban lo frágil de toda unanimidad. Y en cuanto a lo que hoy tenemos por estimulación de la inteligencia, los juegos del pasado no andaban tan mal. Al fin y al cabo Colón y Galileo, Einstein y Borges no se formaron apretando mouses Ni siquiera quizás el propio Bill Gates.

La gallina ciega. La chica con ojos vendados, que estaba en el medio de la ronda debia adivinar; tocandole la cara, quien quedaba enfrente de ella.
Hasta bien entrado el siglo, el juego predilecto entre los chicos había sido quizás el vigilante-ladrón, usualmente mentado vigi y derivado hoy a poliladron la cacería podia incluir armas de juguete o dedos esgrimidos imagtnativamente. Vivo o muerto era la opción: si vivo, no cabía resistencia; si muerto, el abatido debía sobreactuar las heridas y desplomarse a lo bogart. es sabido que aun los niñitos más educados y pulcros pugnaban por asumirse como delincuentes perseguidos y no como policías justicieros. esa preferencia también deberia ser explicada a la luz de la historia, la sociedad y el cinematógrafo.
En toda época los niños gustaron simular combates cuerpo a cuerpo. Hasta hace poco el juego se inspiró en la lucha olímpica o el boxeo del marqués de Queensberry. En uno y otro caso era villanía descalificante -hasta en broma- atacar con codos, rodillas o pies igualmente siempre cupo que de las fintas se pasara al cachetazo y de allí al uso franco del puño cerrado. Las riñas concluían -según edades- por caída o fuga, llanto o primerisima sangre nasal, a lo sumo. El auge de las llamadas artes marciales derogó las viejas y nobles reglas: en las últimas décadas los colegiales descargan energía en combates que asustan. Incluso muchas niñas saben lanzar patadas voladoras.

Siempre hubo juguetes soñados y carísimos. Los autos con propulsión eléctrica y los trencitos Lionel ya existían en los años treinta; las grandes jugueterías ofrecían palacios para muñecas y cuarteles para las colecciones de soldaditos de plomo. Sin embargo, hasta en las familias adineradas solian ser irrisorios los costos de entretenimiento de los niños. Su imaginación, acaso menos estimulada y más disponible que lo que después estaría, aportaba constantemente soluciones al aburrimiento tan temido.
A veces todo se resolvía con mínima inversión, una pelota de cuero con tiento podía costar sus pesos, pero las Pulpo de goma apenas centavos. La bicicleta seria apreciada por cualquier niña, aunque unos económicos aros de mimbre también le proveían salud y alegría. Los Schuco eran réplicas cuidadas de los Racers europeos, pero en tiempos de grandes premios de carretera todos los chicos jugaban con baratísimas cupés de hojalata mejoradas con masilla. Y una chica podía amar más a su muñeca de trapo con trenzas de lana que a una tersa vampiresa de alto precio.
La artesania era transferida de unos niños a otros, y así entraban también en posesión de juguetes sin valor en metálico pero entrañables.
La pelota de trapo o simplemente de papel fue el más clásico. Un palo de escoba podía tornarse caballo o espada o bate para el sub-beisbol de la billarda. De una hoja de papel obtenían en segundos un barco o un avión.
Las niñas, con banquetas o sillas y alguna manta, inventaban chaléts o vagones. Piedritas o carozos servían para jugar a la payana o dinenti; botones, carreteles o lápices brotaban variantes del trompo, el metegol o el yoyó. Un cañito era ya una cerbatana, los elásticos valían para honda temible o sereno rompecabezas, las tapitas de bebidas para mil otros ingenios.
Los chicos eran lo bastante creativos como para entretenerse casi sin otro costo que el de su energía y su instinto social, las reglas de cada juego servían para aprendizaje de legislación y ejercicio de derechos y obligaciones; las discusiones y hasta las rencillas enseñaban lo frágil de toda unanimidad. Y en cuanto a lo que hoy tenemos por estimulación de la inteligencia, los juegos del pasado no andaban tan mal. Al fin y al cabo Colón y Galileo, Einstein y Borges no se formaron apretando mouses Ni siquiera quizás el propio Bill Gates.












