domingo, 14 de junio de 2009

Fideos varios, el rango y las muñecas

El fideo fino era el más vertiginoso de los juegos de niñas dos de ellas se asían con las manos entrecruzadas y giraban a toda velocidad sobre las puntas de sus pies. Lo hacían, durante minutos enteros hasta el borde mismo del mareo.Los fideos mixtos solían fracasar: los varones tendían a tomar la cosa como demostración de fuerza y a menudo, eran acusados del feo chiste de soltar a su pareja como un martillo de atletismo. Menos se los llamaba para el coreográfico fideo grueso, que ellas jugaban con las manos tomadas frente a frente pasándolas sobre las cabezas al girar espalda contra espalda, como en otros juegos de varones.

En el rango el orden de partida se elegía por canto, proclamando a viva voz el derecho a ser cola, antecola, etc. Un chico se doblaba a 90 grados, bien afirmado, de modo de poder ser saltado por los otros con o sin apoyo de las manos.


El Rango

Los saltarines podían afrontar polemicas y crecientes alturas o, solidariamente, ubicarse cada uno como nuevo obstáculo para crear vallas sucesivas y ser saltados por los demás. Recordar el juego es útil contra el insomnio en lugar de las clasicas ovejitas. No así la variante circense, mal vista por las madres, de pilas humanas en el Cachurra monta la burra.

La edad de oro de las muñecas francesas fue la segunda mitad del siglo pasado. Eso explica que aún puedan hallarse en el país piezas de entonces que fueron juguete de niñas del siglo XX. Si bien ya no con rostros de porcelana, nunca faltarían muñecas queribles: enjoyadas damas de pasta o irresistibles peponas de trapo, parlanchínas o mudas, con ojos móviles o absortas miradas fijas, cada una sirvió para atentar la vocación maternal de sus pequeñas propietarias y para orientarlas en artes de elegancia, seducción y urbanidad. Con ellas se remedaba la vida visible de los mayores, salud y malestares, enojos y reconciliaciones; se jugaba a las visitas y a la maestra. Cada niña ponía a su muñeca un nombre soñado porque la sentía su hija. Y siguió siendo así, pero de modo menos carnal.
De la nativa y exitosa Marilú a Mariquita Pérez y Pierángeli dieron en venir al mundo con sus nombres comerciales. La globalizada Barbie ya es otra historia.


La Muñeca Marilù


La Muñeca Pierangeli


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