Las respetables abuelas de hoy fueron ayer niñas graciosas y enredadoras que alborotaban y se distraían con sus juegos peculiares. Haremos aquí mención de algunos de ellos, sin incluir los juegos de muñecas y de casitas, por ser universales y una de las manifestaciones más precoces de la hermosa predisposición de la mujer para la maternidad y la familia. ...?¿?¿ (Os recuerdo que son palabras de Fray Valentín)
ALFILERES: Las niñas coleccionaban alfileres con cabezas de colores y en el acerico donde los clavaban formaban figuras y letras con ellos. Tenían tres maneras de jugar a los alfileres o con alfileres. La primera consistía en enterrar en un montoncito de arena tantos alfileres como jugadoras; tiraban luego por turno un piedrecita plana contra el montón y si aparecía alguno pasaba a propiedad de la descubridora. Otra manera de jugar era la cruceta y consistía en golpear con los dedos un alfiler tirado sobre el suelo o sobre una mesa; si al saltar montaba sobre otro de una compañera, lo ganaba. Por último, jugaban escondiendo en sus manos uno o varios alfileres; una jugadora preguntaba a otra "¿Puntas o cabezas?". Al responder se abría la mano y si los alfileres estaban colocados de punta o de cabeza ganaba o perdía según que acertara o no.
CASTRO: Había una serie de juegos que se practicaban marcando en el suelo determinadas figuras geométricas y lanzando un tejuelo con la mano 0 con el pie, normalmente o a la paticoja, hasta llevarlo a un punto señalado. Valga por todos este tan sencillo que llamaban castro hecho y bien derecho:
Se pintaba en el suelo un cuadrilátero y tiraban en su interior unas líneas rectas y perpendiculares formando veinte cuadritos. Cada jugadora, sólo eran dos, disponía de tres piedrecitas que servían como fichas. El juego consistía en mover alternando una ficha hacia cualquiera de los espacios inmediatos y vacíos; quien primero llegaba al otro extremo con sus tres fichas ganaba la partida, previa afirmación de "Castro hecho y bien derecho".
En realidad habían jugado a unas sencillas ,"damas".
COMBA, SOGA O CUERDA: Es uno de los juegos más simples, más bonitos y más practicados, en las tierras de Burgos. De muy niñas, las muchachitas aprendían a saltar a la comba. Bastaba una cuerda de pocos metros y de cierto grosor que había en todas las casas labradoras. Y qué bien lo hacían individualmente, de dos en dos o en grupo. Una sola niña volteaba la cuerda y saltaba con rapidez cuando la cuerda batía el suelo; el ritmo era endiablado cuando hacía lo que llamaban el "chorizón". Dos niñas o saltaban juntas o ataban un extremo de la comba a un arbolito, ventana o poste y una volteaba y otra saltaba por turno. Tres niñas y muchas más saltaban en cadena, entrando y saliendo puntualmente del ámbito de la cuerda; si alguna fallaba sabía que su castigo era dar a la comba. Esta no siempre se volteaba; otras veces, sólo se balanceaba en un delicado vaivén de barcarola.
Con ser esto tan interesante, no lo eran menos las canciones, en su letra y música, con que acompañaban el juego. Se han publicado auténticas antologías, en las que se incluyen también las de las niñas de Burgos. Ofreceré una brevísima muestra de las letrillas que aprendí de tanto oírselas cantar y saltar a las chicas del pueblo, letrillas que, quizá, no eran privativas de Burgos:
- "Al pasar la barca
- me dijo el barquero:
- Las niñas bonitas
- no pagan dinero.
- Yo no soy bonita
- ni lo quiero ser.
- ¡Arriba la barca,
- una, dos y tres!...
- "Margarita tiene un gato,
- una, dos, tres y cuatro,
- con los ojos de cristal.
- Lo lava, lo peina,
- lo manda a por tabaco
- y le da de merendar
- chicha y pan,
- chicha y pan".
- "Soy la reina de los mares
- y ustedes lo van a ver
- tiro al suelo mi pañuelo (lo tira)
- y lo vuelvo a recoger (lo coge)
- Pañuelito, pañuelito
- quién te pudiera tener,
- guardadito en mi bolsillo
- como un pliego de papel".
- "El cocherito, leré
- me dijo anoche, leré
- que si quería, leré
- montar en coche, leré.
- Y yo le dije, leré,
- con gran salero, leré,
- no quiero coche, leré,
- que me mareo, leré.
- Si te mareas leré,
- irás a la botica, leré
- que el boticario, leré
- te dará pastillas, leré"
- "Te convido
- a pan y vino
- ¿A qué hora?
- a las cinco.
- Una, dos, tres,
- cuatro y cinco".
- "Una gallinita ciega
- en un pozo se cayó
- y según se iba ahogando
- hacía clo, clo, clo, clo.
- Yo no siento la gallina
- ni los cuartos que costó.
- Sólo siento los pollitos
- tan bonitos que crió,
- que según se iban ahogando
- hacían, clo, clo, clo, clo"...
- "Debajo de un botón, ton, ton,
- que encontró Martín, tin, tin,
- había un ratón, ton, ton,
- ¡ay que chiquitín, tin, tin!
- ¡Ay que chiquitín, tin, tin,
- era aquel ratón! ton, ton
- que encontró Martín, tin, tin,
- debajo de un botón, ton, ton.".
- "El nombre de María
- que cinco letras tiene:
- La M, la A, la R,
- la I, la A, ¡María!
Canciones tan hermosas como la del "Cartero", "En la calle del Turco le mataron a Prim", "Quisiera ser tan alta como la luna", "Una, dos y tres, pluma, tintero y papel", "Allá en la Habana".., se bailaban a la comba en nuestros pueblos por las voces infantiles de las niñas burgalesas. La comba era uno de sus juegos favoritos.
CORRO: Las chicas, más que los chicos, preferían este juego. En ocasiones el corro era mixto y en la Provincia tenemos, por ejemplo, La Rueda Chospona, en Covarrubias, que bailan hombres y mujeres en la Plaza de doña Urraca. El corro, a veces, era multitudinario y en él distinguimos varias clases: Corro sin mímica; corro con escenificación y corro con diálogos. Había otros juegos que se practicaban estando los jugadores en círculo, como el Antón Pirulero, pero no en corro propiamente dicho que por su etimología pide movimiento, correr.
En el juego del corro resultaba imprescindible la canción. Y aquí hay que volver a ponderar la enorme riqueza folclórica que se derrochaba en los corros burgaleses. Es muy difícil precisar dónde nacieron tantas y tan bonitas canciones, porque se entonan en la mayoría de los pueblos de Castilla y España. Pero las niñas de Burgos las habían recibido y aceptado de sus abuelas como cosa propia. Unidas por su manos, la noria de jovencitas giraba y giraba con canciones tan conocidas como .
![]() | Con mucha frecuencia el corro no se limitaba a girar; variaba e introducía gestos exigidos por la canción o aceleraba, como en este ejemplo:
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El círculo, el corro, la mesa redonda tienen la ventaja de que todos los participantes en determinado acto pueden mirarse y observarse de frente.
Agacharse, sentarse en el suelo, soltarse las manos, aplaudir, adelantar un pie, eran gestos muy frecuentes en el juego del corro. Había canciones que exigían variedad de gestos como aquella de "EI burro enfermo" o la de "San Fermín", que en otras partes titulaban de "San Geremín".
En ocasiones se introducían diálogos, como sucedía en la despedida y disolución del corro, cuando una niña cantaba "Adiós, amigos míos, me voy a retirar". Como homenaje a la gracia del corro y a la calidad literaria de muchas de sus canciones, transcribiré la letra de "La viudita del conde Laurel"
- CORO: Hermosas doncellas
que al prado venís
a coger las rosas
de mayo y abril.
VIUDITA: Yo soy la viudita
del conde Laurel,
que quiero casarme
y no sé con quién.
CORO: Pues siendo tan bella
no tienes con quien
elige a tu gusto
que aquí tienes quién.
VIUDITA Elijo a la rosa
por ser la más bella
de todas las flores
de este jardín.
CORO: Buen gusto has tenido
cogiendo la rosa,
reina de las flores
que hay en el jardín (bis).
DIABOLO: Ignoro desde cuándo jugaron las niñas burgalesas al diábolo. Consiste su juguete en dos varillas bien pulidas, unidas por una cuerda de tramilla desde el extremo de una al extremo de otra; la otra pieza se compone de dos conos de goma unidos por sus vértices. La gracia del juego consiste en que esta pieza viaje por la cuerda, suba y baje según el balanceo de los brazos. Y hay más: Lanzarlo a lo alto y recogerlo con la cuerda e, incluso, dejarlo "dormido", entre las varillas. La competición era sobre quién lo lanzaba más alto y quién lo mantenía más tiempo en el hilo. La caída al suelo era un tanto en contra.
PELOTITA: La pelota de frontón no era juego de niñas. Pero ellas también se divertían con pelotas de menor tamaño y dureza. Era muy frecuente verlas jugar a botar la pelotita al tiempo que recitaban versos y practicaban algunos movimientos o gestos como dar palmadas, pasar la pelotita por debajo de la pierna o el brazo, darse media vuelta, etc. Las letrillas eran bellamente ingenuas:
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PELO, PELO, HIERBA: Era un divertimento simple, preferido por las ni ñas. Una de ellas escondía una cosa previamente vista por sus amigas. A volver al grupo lo hacía con unas hierbas en la mano y decía: "Al pelo, pelo, hierba, que cantan las culebras, que vienen los de Burgos y ¡a echar a volar!"... Y lanzaba al aire las hierbas, mientras sus amigas comenzaban a buscar el objeto escondido. La que lo encontraba, arrancaba otro manojo de hierba, escondía el chisme y repetía la fórmula. Así de sencillo.
PRENDAS: El grupo de niñas mostraba sus prendas dos o tres por cada una y elegía a una "madre", o regidora del juego. Esta se enfrentaba al grupo y recitaba aquello tan sabido de:
"Antón, Antón, Antón Pirulero, cada cual, cada cual que atienda a su juego y el que no lo atienda pagará una prenda"...
Todas atentas, la "madre" comenzaba a hacer los gestos referidos a lo oficios que cada una había elegido antes (maestra, cocinera, lavandera, sastre, etc.), gestos que la interesada debía repetir con rapidez y exactitud, d lo contrario era castigada a pagar una prenda. Cuando la "madre" tenía todas las prendas anunciaba un castigo para cada una de ellas, un castigo cómico según la imaginación de las pequeñas. El juego acababa en risa general.
TABAS: Era un juego muy preferido de las niñas y no aborrecido por lo chicos y los mayores. El juguete lo proporcionaban los corderos. En las mesas familiares, en las ocasiones en las que se había sacrificado un lechazo del rebaño doméstico, las niñas se adelantaban a decir: La taba para mí... para ellas eran las dos tabas del corderillo, el hueso astrágalo que dicen lo entendidos. Así, las gentes de Burgos tenían una cosa más que agradecer la providencial oveja: El instrumento para un juego.

A veces, los chicos jugábamos con las tabas pintadas de variados colores, que nuestras hermanas guardaban cuidadosamente en una bolsa. Pero lo hacíamos sólo para apostar y para aplicar unos zurriagazos al perdedor. Hoy la hermosa ciudad de Briviesca, capital de La Bureba, vive en primavera una jornada bajo el signo de la taba, tan intensamente que la llaman la tabera. Los briviescanos y sus huéspedes apuestan a la cara favorita de la taba mucho dinero, bajo la complaciente mirada de Santa Casilda, cuya fiesta es en ese día, y cuyo santuario es el primer escenario de la Tabera.
Las niñas de Burgos tenían cuatro nombres, con algunas variantes en las diversas comarcas, para las cuatro caras del astrágalo: aguas. era la cara ancha y más hundida y también la más preferida en las competiciones; la parte contraria se decía pencas, aunque muchos usaban la palabra culos; la lateral más lisa era llamada lisas y su contraria, algo hundida, carnes. Las variantes para jugar a las tabas eran bastantes, pero el modo más general era el siguiente: Las tabas, hasta seis u ocho, se agitaban en las manos o en un bote y se lanzaban sobre una superficie plana cayendo cada una a su aire. La que primero jugaba lanzaba a lo alto con la mano derecha una canica o bola de cristal y con la izquierda cambiaba la posición o recogía las tabas que había anunciado, las lisas por ejemplo. Debía darse prisa, si no recogía la bola a tiempo o no recogía todas las tabas en la posición dicha, perdía o pasaba otra compañera a jugar. Había niñas de vista tan aguda y manos tan avezadas que entre lanzar la bola y recogerla, y también las tabas, todavía tenían tiempo para dar una palmada. Listas que eran ellas.
YO-YO.- Era un juego de la familia del diábolo que se imponía cuando venían las barracas, en las que se vendía, por las Ferias y Fiestas. Consistía en una pelota partida en dos mitades y unidas por un eje en el que se enrollaba un hilo, acabado en un ojal para colocar en el dedo corazón. Con la mano vuelta hacía abajo se soltaba la pelotita que descendía mientras se tensaba el hilo; pero la inercia provocaba el enrollamiento a un ritmo que la mano marcaba con su movimiento. Y así se pasaba el rato la muchachita

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