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La mancha y las estatuas
Juego ágil y sencillo, aúnque no tan candido como parecería. En su versión estándar consistía -aún casi todos lo saben- en tocar un niño a otro y sindicarlo de viva voz como mancha, El tocado debía cargar el invisible sambenito hasta que a su vez, corriendo y alcanzando a un tercero le endosara la ambigua discriminacion. La variante venenosa imponia al chico llevar una mano apoyada en el lugar donde había sido tocado. Es obvio que eso permitía limitar, ridiculizar u ofender, según la parte elegida para manchar. Menos mal que siempre cabía algo así como amparo automatiCO: -“pido gancho, el que me toca es un chancho”
A veces, por lluvia o por cansancio, una niña, casi siempre con vocación mas de actriz que de escultora. proponía jugar a las estatuas. Si había varones aceptaban de mala gana porque podía ser aún mas estático que el olmo mudo, y porque sabian que ellas dominarían el juego. Es cierto que solía ser un mero concurso de quietud sometido a las morisquetas y bromas del público, pero habia algunas opciones. Por ejemplo, adivinar títulos secretos como La costurera , El sembrador, etcétera, o un directo juicio artistico, que incluyera o no el derecho al derribamiento de la estatua u otros vejámenes menores.

Uñeta. Juego similar a la bolita que se practicaba con monedas
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