domingo, 14 de junio de 2009

Los líderes

Dejando a psicólogos y sociólogos interpretaciones profundas, no cabe duda de que si hubiese que establecer un rating de los juegos infantiles en la primera mitad del siglo, para las niñas estarían a la cabeza las rondas, por eso aún se graban cd con las más clásicas; el ruido ambiente no sofoca la gracia de la farolera, arroz con leche, sobre el puente de avignon, la paloma blanca y varias otras. las coreografías podían ser levemente distintas no solo en cada ciudad, sino en cada barrio y hasta en cada familia, lo constante eran las manos tomadas y el canto-cuento de viejas letrillas, franjas de vida y sueños, nada menos.


La gallina ciega. La chica con ojos vendados, que estaba en el medio de la ronda debia adivinar; tocandole la cara, quien quedaba enfrente de ella.

Hasta bien entrado el siglo, el juego predilecto entre los chicos había sido quizás el vigilante-ladrón, usualmente mentado vigi y derivado hoy a poliladron la cacería podia incluir armas de juguete o dedos esgrimidos imagtnativamente. Vivo o muerto era la opción: si vivo, no cabía resistencia; si muerto, el abatido debía sobreactuar las heridas y desplomarse a lo bogart. es sabido que aun los niñitos más educados y pulcros pugnaban por asumirse como delincuentes perseguidos y no como policías justicieros. esa preferencia también deberia ser explicada a la luz de la historia, la sociedad y el cinematógrafo.
En toda época los niños gustaron simular combates cuerpo a cuerpo. Hasta hace poco el juego se inspiró en la lucha olímpica o el boxeo del marqués de Queensberry. En uno y otro caso era villanía descalificante -hasta en broma- atacar con codos, rodillas o pies igualmente siempre cupo que de las fintas se pasara al cachetazo y de allí al uso franco del puño cerrado. Las riñas concluían -según edades- por caída o fuga, llanto o primerisima sangre nasal, a lo sumo. El auge de las llamadas artes marciales derogó las viejas y nobles reglas: en las últimas décadas los colegiales descargan energía en combates que asustan. Incluso muchas niñas saben lanzar patadas voladoras.



Siempre hubo juguetes soñados y carísimos. Los autos con propulsión eléctrica y los trencitos Lionel ya existían en los años treinta; las grandes jugueterías ofrecían palacios para muñecas y cuarteles para las colecciones de soldaditos de plomo. Sin embargo, hasta en las familias adineradas solian ser irrisorios los costos de entretenimiento de los niños. Su imaginación, acaso menos estimulada y más disponible que lo que después estaría, aportaba constantemente soluciones al aburrimiento tan temido.
A veces todo se resolvía con mínima inversión, una pelota de cuero con tiento podía costar sus pesos, pero las Pulpo de goma apenas centavos. La bicicleta seria apreciada por cualquier niña, aunque unos económicos aros de mimbre también le proveían salud y alegría. Los Schuco eran réplicas cuidadas de los Racers europeos, pero en tiempos de grandes premios de carretera todos los chicos jugaban con baratísimas cupés de hojalata mejoradas con masilla. Y una chica podía amar más a su muñeca de trapo con trenzas de lana que a una tersa vampiresa de alto precio.
La artesania era transferida de unos niños a otros, y así entraban también en posesión de juguetes sin valor en metálico pero entrañables.
La pelota de trapo o simplemente de papel fue el más clásico. Un palo de escoba podía tornarse caballo o espada o bate para el sub-beisbol de la billarda. De una hoja de papel obtenían en segundos un barco o un avión.
Las niñas, con banquetas o sillas y alguna manta, inventaban chaléts o vagones. Piedritas o carozos servían para jugar a la payana o dinenti; botones, carreteles o lápices brotaban variantes del trompo, el metegol o el yoyó. Un cañito era ya una cerbatana, los elásticos valían para honda temible o sereno rompecabezas, las tapitas de bebidas para mil otros ingenios.
Los chicos eran lo bastante creativos como para entretenerse casi sin otro costo que el de su energía y su instinto social, las reglas de cada juego servían para aprendizaje de legislación y ejercicio de derechos y obligaciones; las discusiones y hasta las rencillas enseñaban lo frágil de toda unanimidad. Y en cuanto a lo que hoy tenemos por estimulación de la inteligencia, los juegos del pasado no andaban tan mal. Al fin y al cabo Colón y Galileo, Einstein y Borges no se formaron apretando mouses Ni siquiera quizás el propio Bill Gates.

En la mesa

Antes de la Tv y las pc, de la hipnosis de los teleteatros infanto-juveniles y los videogames, parte del tiempo de los chicos era ocupada por juegos de mesa. algunos para armar, como los deseados y crecientes mecanos o mis ladrillos, con bloques de madera que alentaban a módicas arquitecturas, рею hubo y hay otros que también llegaban a la casa en cajas de cartón y que, por su cuota de azar, permitían competir a niños de cualquier edad.
Los más clásicos son internacionales; el ludo y el juego de la oca, pero también se imponían ideas locales como el estanciero, con énfasis nacional-geográfico, y el cerebro mágico (ingenuamente electrificado), que ponía a prueba la memoria escolar, la lotería de cartones (hoy bingo) era, como los naipes, una etapa por compartir o no con los adultos.


El Juego de la Loteria


Juego de La Oca


TATETI un juego que lo practicaban tanto los varones como las chicas.

La posesión de un mazo iniciaba a inocentes convenciones como el ladrón, la casita y otra, con protagonismo del as de oros que era la más boba o “el culo sucio”. la escoba de quince implicaba una especie de graduación en aritmética que habilitaba para segregar a los menores y orientaba al ideal de competir con los mayores. esto ya era accesible -sin barajas- en juegos como la batalla naval y el tateti, e incluso las damas y el ajedrez.


Juego de Naipes

Entre la fuerza y la destreza

Como se sabe, una de las más humanas y antiguas imágenes con carga de símbolos es la de dos grupos asidos a una misma cuerda y tirando de ellas en direcciones opuestas. Pero hasta hoy mismo, para impresionar a las damas en las fiestas campestres, los mayores pueden afrontar cinchadas hasta la apoplejía. Los niños, en cambio, junto con la piñata, el gallo ciego y las carreras de embolsados, las trasladaron durante décadas a sus fiestas de cumpleaños. Lo distinto era que solían tirar de la soga a la par chicos y chicas; lo crítico, la equidad de quienes formaban los equipos. Justicia y distribución siempre fueron problemáticos.


La sillita de oro, una hamaca que se hacia entrecruzando las manos.

Empujar un aro de mimbre con una vara o un palito fue, según testimonian grabados antiguos, juego secular de niñas gráciles y vaporosas. Nada que ver con el gimnástico (o erótico) hula-hula de plástico que la TV popularizó hacia nuestros años sesenta.


El juego del Hula-Hula

Por entonces aún solía verse por las calles el fantástico carro del mimbrero, pero no traía sino sillas, canastos y plumeros: nadie pedia aros. la destreza de las chicas para jugar con ellos se habia global izado limitada a contorsiones a lempo. ya fue impensable verlas practicar aquella suerte de deck-tennis fascinador en que flameantes las faldas, cazaban y devolvían aros al vuelo con el complicado auxilio de dos palillos.
los varones también disfrutaban, pero con las ruedas: desde temprano creaban en la línea tuerca: guiar con un largo alambre una rueda de coche de bebe o, simplemente, con la palma de la mano, un neumático viejo. en los barrios, la gloría era poseer un “ karting” de tablas de cajón de fruta, casi siempre armado por algún mayor aunque el piloto participara de la fabricación y puesta a punto, el estrepitoso rodar de los cuatro rulemanes contra las baldosas vainilla de las veredas concretó el sueño de muchos chicos. (y abolió la siesta de infinidad de vecinos,)

Martín pescador

Una hilera de niños debía pasar el puente que otros dos formaban con sus manos tomadas en lo alto. Cada uno pedia paso y se le concedía, salvo al último, sobre quien caían cuatro brazos enlazándolo. El prisionero era forzado a opciones como durazno-manzana, rosa-jazmín. Boca-River, cosas así, pero que definían su ubicación silenciosa detrás del lider-carcelero Ya sometidos todos al férreo bipartidismo, se habian formado dos nuevas filas, dos bandos. El final, según los sexos, edades y educación de los jugadores, podía ser de simple escrutinio y consagración, o terminar con empujones, cinchadas y derribos.

Fideos varios, el rango y las muñecas

El fideo fino era el más vertiginoso de los juegos de niñas dos de ellas se asían con las manos entrecruzadas y giraban a toda velocidad sobre las puntas de sus pies. Lo hacían, durante minutos enteros hasta el borde mismo del mareo.Los fideos mixtos solían fracasar: los varones tendían a tomar la cosa como demostración de fuerza y a menudo, eran acusados del feo chiste de soltar a su pareja como un martillo de atletismo. Menos se los llamaba para el coreográfico fideo grueso, que ellas jugaban con las manos tomadas frente a frente pasándolas sobre las cabezas al girar espalda contra espalda, como en otros juegos de varones.

En el rango el orden de partida se elegía por canto, proclamando a viva voz el derecho a ser cola, antecola, etc. Un chico se doblaba a 90 grados, bien afirmado, de modo de poder ser saltado por los otros con o sin apoyo de las manos.


El Rango

Los saltarines podían afrontar polemicas y crecientes alturas o, solidariamente, ubicarse cada uno como nuevo obstáculo para crear vallas sucesivas y ser saltados por los demás. Recordar el juego es útil contra el insomnio en lugar de las clasicas ovejitas. No así la variante circense, mal vista por las madres, de pilas humanas en el Cachurra monta la burra.

La edad de oro de las muñecas francesas fue la segunda mitad del siglo pasado. Eso explica que aún puedan hallarse en el país piezas de entonces que fueron juguete de niñas del siglo XX. Si bien ya no con rostros de porcelana, nunca faltarían muñecas queribles: enjoyadas damas de pasta o irresistibles peponas de trapo, parlanchínas o mudas, con ojos móviles o absortas miradas fijas, cada una sirvió para atentar la vocación maternal de sus pequeñas propietarias y para orientarlas en artes de elegancia, seducción y urbanidad. Con ellas se remedaba la vida visible de los mayores, salud y malestares, enojos y reconciliaciones; se jugaba a las visitas y a la maestra. Cada niña ponía a su muñeca un nombre soñado porque la sentía su hija. Y siguió siendo así, pero de modo menos carnal.
De la nativa y exitosa Marilú a Mariquita Pérez y Pierángeli dieron en venir al mundo con sus nombres comerciales. La globalizada Barbie ya es otra historia.


La Muñeca Marilù


La Muñeca Pierangeli


La mancha y las estatuas

Juego ágil y sencillo, aúnque no tan candido como parecería. En su versión estándar consistía -aún casi todos lo saben- en tocar un niño a otro y sindicarlo de viva voz como mancha, El tocado debía cargar el invisible sambenito hasta que a su vez, corriendo y alcanzando a un tercero le endosara la ambigua discriminacion. La variante venenosa imponia al chico llevar una mano apoyada en el lugar donde había sido tocado. Es obvio que eso permitía limitar, ridiculizar u ofender, según la parte elegida para manchar. Menos mal que siempre cabía algo así como amparo automatiCO: -“pido gancho, el que me toca es un chancho”
A veces, por lluvia o por cansancio, una niña, casi siempre con vocación mas de actriz que de escultora. proponía jugar a las estatuas. Si había varones aceptaban de mala gana porque podía ser aún mas estático que el olmo mudo, y porque sabian que ellas dominarían el juego. Es cierto que solía ser un mero concurso de quietud sometido a las morisquetas y bromas del público, pero habia algunas opciones. Por ejemplo, adivinar títulos secretos como La costurera , El sembrador, etcétera, o un directo juicio artistico, que incluyera o no el derecho al derribamiento de la estatua u otros vejámenes menores.


Uñeta. Juego similar a la bolita que se practicaba con monedas

El elastico,la rayuela y el barrilete

El elástico



E1 entretenimiento, hoy prácticamente en desuso, tuvo su apogeo en la década de los años sesenta y su escenario preferido era el patio de la escuela. En los recreos. el elastico pasaba del bolsillo del guardapolvo a meterse entre los pies dispuestos a jugar.
ÀI menos tres personas participaban. Mientras dos de ellas sostenían el elástico en sus tobillos, la tercera saltaba.
El objetivo era no engancharse ni tropesar, porque el error costaba perder el turmo y dar lugar ,a que otra concursante demostrara sus habilidades para el salto.
El pasatiempo tenía una dificultad: a medida que las participantes ganaban, el elástico iba tomando altura, subiendo de los tobillos a las rodillas y de allí, sucesivamente, a las caderas, la cintura, las axilas y el cuello.
Así, había variante. Por ejemplo, el elástico era mantenido teso con una sola pierna por dos chicas, de modo que el espacio para saltar se bacía más angosto, e iba subiendo hasta las orejas; cuando llegaba a la cintura, las cbicas lo mantenían tenso poniéndose de perfil y al tenerlo a la altura de la cara, lo sostenían con tres dedos, mientras la tercera participante efectuaba los saltos.
Se consagraba ganador quien lograba saltar mas alto, sin equivocarse. Si bien se necesitaba cierta destreza y buen estado fisico para acceder al primer puesto, para jugar alcanzaba con las ganas.

Con la rayuela y el barrilete: cerca del cielo



Pasaba por ser juego de niñas, pero casi todos los varones probaron, alguna vez, a hacer equilibrios entre Cielo y Tierra, las dos estaciones del sencillo dibujo. Una piedrita o una tapa de naranjin valían como
tejo, y había chicas tan gráciles como eficaces para saltar en una pierna, irlo mudando de casilla y completar luego las suertes Codificadas para tener opción a recoger el trofeo y volver con él de la gira celestial.
El juego fue simple y diáfano hasta que un siempre niño llamado Julio Cortázar tentó a diseñar, con el mismo nombre y sobre el mismo croquis, una novela-catedral con la que ahora juegan los adultos.



El barrilete será primo del humo, pero fue hijo legítimo del trabajo. ¿Por qué no se enseñaría a fabricarlos en el colegio mismo? Acaso porque el padre -o el abuelo, o un tío- era quien iniciaba al niño en la heredada artesanía. Los materiales eran cosa de centavos, pero ojo no podía usarse cualquier madera, cualquier papel, ningún piolín traidor. Unas horas de prolija tarea bastaban para entrar en posesión del más ambicioso de los juguetes. Luego, solamente (/solamente?) quedaba elegir el lugar del lanzamiento, calcular los vientos y pulsar el alto vuelo. El cielo seria, ya para siempre, algo más amigable y cercano.
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Las figuritas, la soga y las escondidas

Las figuritas nacieron para ser coleccionadas en álbumes, con promesa de recompensas.
Venían con los chocolatines u otras golosinas y el éxito más resonante fue quizás el de Nestlé con una colorida serie de plausible temática.
La tradición dice que había figuritas dificiles; algunos maliciosos sospechaban que eran imposibles.


Con el tiempo, todo se limitó a comprar en el quiosco marchitables cartoncitos circulares o latitas con imágenes de deportistas. La figurita fue iniciación al trueque y la apuesta. Los chicos las canjeaban y arries- gabán a su pericia en el punto, con el consuelo eventual de la revoleada o sin él.



Las niñas tenian primorosas figuritas con princesas y hadas, mariposas y flores que, brillitos más o menos, han perdurado hasta nuestros días. Con ellas decoraban sus cuadernos y laminas se internaban en los regateos del trueque y la emoción de las apuestas de mesa. Una niña escondía la figurita dentro de un libro o cuaderno que luego giraba y movía hasta crear adecuado misterio.
La otra niña debía acertar el arriba o abajo y/ o su posición cara o ceca. Algo curioso: incluso los cigarrillos del adulto supieron traer figuritas de proceres canjeables por premios, Fontanares fue pródigo en relojes de bolsillo.
O saltar a la cuerda, para ser castizos. Ha sobrevivido como training útil para chicas y boxeadores, pero su imagen como juego de patios, parques y veredas se ha ido destiñendo hasta casi esfumarse. Ya no es fácil conseguir en jugueterias aquellas sogas con cabos de madera. Las niñas las preferían para hacer gala de precisión y resistencia solas, a dúo, o en coros innumerables. Siempre era importante entrar y salir a tiempo, sin desorden de faldas.
También estaba la opción competitiva del saltito. Se ponía cada vez más alto el nivel de la soga. Hasta que llegaba el miedo inhibidor o un raro y didáctico porrazo.
Fue el luego que con más regocijo aceptaban compartir niñas y niños. Los escenarios y los jugadores podían ser inquietantes, sobre todo si se compartía el escondite. El sacrificado buscador, que concedía a ojos cerrados huida y opción a refugio, podía ser victorioso o derrotado, según regresara antes o después que el prófugo tras anunciarle ,”piedra libre”. En fin. una competencia de cautela, velocidad y llegada a tiempo. Según se mire, parecida a la del béisbol, pero más compleja. O a la del flirt de los adultos, pero mucho más sencilla. Bien pensado, crecer no es motivo válido para dejar de jugar a las escondidas.


La Soga uno de los juegos preferidos de las chicas

¿A que jugamos?Antecedentes y coincidencias

En los últimos tiempos viene siendo una preocupación creciente para mí, movido por los

sucesos que están ocurriendo en el mundo y en especial en mi país, el maltrato, abuso, y

asesinato de niños.

Una semana antes de que en Argentina sucediera lo que luego se llamó la Colombine

argentina, comencé a escribir un artículo que reflejara mi preocupación, al que llamé:

Alerta especie en peligro de extinción. Confieso que cuando sucedió lo que sucedió,

quedé hondamente conmovido y paralizado por este sentir anticipatorio.

Por esa misma época un consultante trajo a la sesión un viejo libro que él había

terminado de releer, se trataba de Hommo Ludens, del escritor holandés Johan

Huizinga. Fue muy agradable reencontrarme con ese texto, en especial, con un

fragmento que luego comenté con mis compañeros de Casabierta. Simultáneamente

comencé la lectura de Las Manchas del Leopardo, del biólogo Brian Goodwin, quien

plantea una alternativa a la teoría darwiniana, en la cual lo importante en los procesos

biológicos es el orden relacional entre los componentes de manera que las cualidades

emergentes predominan sobre las cantidades. Y agrega: “somos tan cooperativos como

competitivos, tan altruistas como egoístas, tan creativos y lúdicos, como destructivos y

repetitivos “. Grande fue mi asombro, cuando hacia el final del libro, me encontré que el

autor cita textual, el mismo fragmento que compartí con mis compañeros:

“el juego es más viejo que la cultura porque, pues por mucho que estrechemos el

concepto de ésta, presupone siempre una sociedad humana, y los animales no han

esperado a que el hombre les enseñara a jugar” ; “el juego es caótico, es impredecible,

pero de él surge continuamente el orden”

Por eso es que quiero agradecer y no corregir el error de tipéo de la comunicación que

me llego vía mail invitándome a este prestigioso congreso, porque contribuye a dar

fundamento a lo que hoy quiero exponer a ustedes:

2

La educación tiene una función social de transmisión de valores, de

socialización, de convivencia, de adquisición de hábitos y conductos y,

en resumidas cuentas de garantizar un modelo social y cultural para el

futuro.

Espero que a lo largo de mi exposición quede claro lo que para mi es el peligro que

supone entubar a los seres humanos, colocarlos en conductos y diagnosticarlos con un

veredicto inapelable y único de cómo se debe aprender o como se debe curar, que no

hace lugar a la singularidad y a lo diferente, creando un modelo relacional donde lo

pequeño, lo que crece, la diferencia, tiene que desaparecer a cualquier precio (recuerdo

un fragmento de la película The Wall donde los educandos aparecen como una serie

donde todos son idénticos).

Es por esto que agradezco lo que aprendí del error, porque en este caso para mí operó

como productor de un sentido nuevo, propiciando la creación, la novedad, justamente en

una conferencia acerca de la educación y sus formas.

A QUE JUGAMOS

De modo que el título de esta conferencia es ¿A QUÉ JUGAMOS?

¿A qué jugamos? es la pregunta que se hacen los chicos cuando se reúnen en busca de

alguna diversión, la pregunta que le formula iracundo ante una situación que no

comparte, un marido a su esposa o una novia a su novio, un socio al otro, un cliente al

vendedor, un pueblo a sus gobernantes; también puede ser la que, apasionadamente,

pregunta el amante a su enamorada, incluso es la que desde un profundo interés y

respeto formula un docente a sus discípulos o un terapeuta a su consultante.

Esta pregunta puede entenderse o bien como una mera procura de entretenimiento o

distracción o bien como el intento de ahondar en la búsqueda de una salida creativa, una

manera de acceder a la comprensión de una situación confusa y hasta paradójica.

Sea cual sea el propósito, está claro que la misma se refiere a una pregunta por las

reglas del carácter particular de ese suceso y no a leyes generales ya sean éstas

morales o científicas. La pregunta acerca de a qué estamos jugando nos remite al

presente, al suceder aquí, en este instante, a lo inmediato y a nuestra participación en

ese suceder.

De modo que la pregunta acerca del jugar, es un pregunta “en serio” y no es “un juego”

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La Naturaleza es juego de veranos e inviernos; el arte es juego de luces y sombras, de

sonidos y silencios; los sentimientos juegos de amores y odios, de alegrías y tristezas;

las relaciones humanas juegos de encuentros y desencuentros.

Juego como articulación de sucesos, de saberes, de creencias. Juego también es

acuerdo, es consenso, es compartir y es cooperar.

Parafraseando a Calderón de la Barca para comenzar a fundamentar el porqué de esta

conferencia: para mi la vida es juego y los juegos, juegos son.

LA TRANSFORMACIÓN: EL JUEGO ENTRE CAOS Y COSMOS

Del griego nos llegan las palabras Cosmos y Caos. Caos como el dios del origen y

cosmos como el dios de lo organizado, caos como Dionisio y cosmos como Apolo.

Caos era un dios, el primero, el más elemental. De allí surgió lo demás.

Para la modernidad el caos equivale a desarticulación, falta de control, separación entre

las partes de un sistema.

Y lo que intento aquí es decir y recordarles que caos no se opone a cosmos, sino más

bien que caos deviene cosmos que deviene caos, que deviene cosmos. Entre ellos

están jugando un juego, que se acerca a nuestra conceptualización de la experiencia de

la transformación: una forma que deviene su transforma.

Recientemente David Peat, a través de la Teoría del Caos, mostró la posibilidad y

necesidad del estudio de lo irregular y único, lo cual derrumba el mito de que la ciencia

sólo estudia regularidades, del mismo modo que la asistencia y el cuidado de una

persona desde la psicología o desde la educación requiere atender a lo que hay en ella

de único e irrepetible.

La teoría cuántica, la teoría de la relatividad y la teoría del caos, han dado nacimiento a

un nuevo paradigma científico con profundas implicaciones para la vida cultural de las

sociedades del presente siglo. Estos tres desarrollos presentan una refutación

contundente a la idea predominante de que el universo es una máquina, que el mundo

natural es un mundo muerto y que el ser humano está separado de su ambiente.

Ya no es posible negar el fenómeno de la mutua implicación entre el observador y lo

observado, que echa por tierra el supuesto de la objetividad, y de la separación sujeto

objeto Tampoco es posible negar que el concepto de verdad absoluta y única se vuelve

cuestionado, con todas las consecuencias epistemológicas y hasta morales que

conlleva.

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Las reglas del juego que proponemos tienen que ver con este fluir de la vida, cuya regla

es la transformación, a diferencia del juego dominante cuya regla es la noción de

progreso, en relación a una medida patrón, única y canonizada, que da lugar a juzgar lo

que está dentro y lo que esta fuera de la medida. Nos dice Saint Exupery “la vida crea el

orden, pero el orden no crea la vida”.

Juzgar, supone una ley, en cambio jugar supone la constitución de reglas singulares que

permiten asistir a la transformación. Las reglas de este otro juego son las redes, el

contacto interhumano, los encuentros, la regla de oro por así llamarla consiste en

permanecer plenamente, en estar ahí. Cuando en los grupos de juego para adultos que

hacemos en Buenos Aires, alguien se retira del juego porque dice que está aburrido, lo

que le proponemos es que permanezca aburrido, que no intente forzar el divertirse

porque en el mismo aburrimiento se encuentra la génesis de la diversión.

Estoy hablándoles de los niños, como lo pequeño y también como nuestro origen, y en

esto los niños son sabios, ellos son la expresión de nuestro modo más orgánico, ya que

en el origen somos plena sabiduría organísmica, pura experiencia, cuando niños

estamos aún unidos a la totalidad, al universo. El niño representa un aspecto de la

humanidad más primitivo, y así como los animales que preceden a la cultura, los niños,

despliegan en plenitud una de sus capacidades más importantes, cual es la capacidad

de JUGAR.

Cuando pregunto a qué jugamos, estoy preguntando si estamos procediendo como

cultura siguiendo una ley inexorable que nos conduce a la supervivencia del más apto, o

si se trata de un juego, regido por reglas que pueden cambiar. Si esto es así, con que

uno de los jugadores no quiera cumplir las reglas, ese juego se acabó. Comienza otro, y

el carácter de juego adquiere su potencia transformadora.

Es importante percatarnos de lo que ofrece el carácter del juego.

Propongo que juguemos a otro juego, el juego infantil, el juego que acepta el caos como

un principio de creación y de orden. El juego que articula lo dionisiaco junto a lo apolíneo

porque esto implica otra manera de enseñar y otra manera de aprender. El jugar no

tiene otra intención que el jugar mismo, en esto se parece a la contemplación activa,

que no tiene otra intención más allá del permanecer, haciendo lugar a la intensidad.

Jugar es estar presente, estar ahí, siendo parte, jugándose. En este juego de palabras

estoy tratando de referirme a lo que conceptualmente nombramos como la actitud de

contemplación activa, que considera la creatividad como la expresión del caos creador

a diferencia de la intervención pasiva.

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El juego que estamos jugando como civilización o como cultura, es el juego de los

dualismos, las oposiciones, los diagnósticos, las separaciones, las exclusiones, que

busca el control, el dominio, la medida como artificio de control, el triunfo de lo apolíneo

sobre lo dionisiaco, es un juego apoyado sobre reglas que afirman la vigencia del

sometedor sobre el sometido. Este juego esta sostenido por la metáfora de la

supervivencia del más fuerte, del principio de la competencia, por lo que algunos

seguidores de Darwin partidarios de una mirada que reduce la complejidad del

organismo al mundo del ADN y los genes, lo llamaron el GEN EGOISTA. El modo

dominante de nuestra cultura, establece leyes, y juicios. Desde la ley estamos en

condiciones de juzgar desde un lugar canonizado.

No es mi intención negar este juego, sino considerar que jugarlo, abre un particular

dominio de experiencia, y que este no es el único posible. No estoy hablando del juego

como opuesto a…sino como una manera diferente de entender el modo en que

articulamos la realidad.

Jugar un juego con otras reglas, nos abre a territorios nuevos, genera un campo de

experiencia diferente y creador. Propongo que nos animemos a jugar esta posibilidad

comenzando por restituirle a la realidad su carácter de juego y no de ley.

Suelo comentar en lo que hace a mi práctica como terapeuta que se puede acceder al

encuentro con el otro desde una mirada “cartográfica” es decir con un mapa que nos

permita identificar “accidentes geográficos” en él o bien de acceder al territorio del

encuentro con otro, libres de mapas y animarnos a correr el riesgo de “perdernos”

Distintas miradas, abren juegos diferentes, y en este momento de la humanidad estamos

jugando un juego, estamos mirando de una determinada manera.

jueves, 11 de junio de 2009

Antes que se pierda la memoria:juegos tradicionales

Muchos de estos juegos estaban unidos a los recreos de la escuela. Y todos ellos suponían una población infantil numerosa. Por eso, al disminuir los habitantes y desaparecer las escuelas, la mayoría de estos juegos sólo viven en el recuerdo de las personas que los practicaron.
Hace falta tiempo (y memoria en algunos casos) para poner por escrito las normas que los regulaban. Pero es nuestra intención ir completando y desarrollando esta relación con la ayuda de quien quiera prestarla..



Nombre Quiénes Dónde y cuándo

A cortar el hilo Chicos y chicas Plaza, cualquier época

A esconder costillas Chicos y chicas Portales, invierno

A la ollera,
a la puchera Chicos y chicas Plaza, recreos y tarde

A pies quietos Chicos y chicas Plaza, recreos y tarde

Al bote Chicos y chicas Cualquier lugar, en ocasiones

Al capullero Niños y niñas, hasta 8 años Poyo de la garita

Al corro Chicas Plaza; ocasional, todo el año

Al esconderite Chicos y chicas Todo el pueblo, en ocasiones

Chorro, morro, pico Chicos y chicas separados Portales; ocasional

Cromos Chicas Portales; Primavera

El aro Chicos Carretera, plaza, todo el pueblo, otoño

El hinque Chicos Detrás del Toril,; primavera esporádico

El marro Chicos En la plaza; recreos y tardes

El tango Chicas Portales

La cuerda Chicas Cualquier lugar; curso escolar

La maya Chicos y chicas en el pórtico Mayo y octubre;

La meta Chicos Plaza. En primavera.

La pídola Chicos y chicas separados Plaza; ocasional, sobre todo invierno

La soga (cadeneta) Chicos y chicas En la plaza; recreos y tardes

La taba Chicos En la plaza; otoño- invierno

La trompa Chicos, esp. chicas Plaza; primavera

Las tabas Chicas En Portales, Otoño- primavera

Los alfileres Chicas, esp. Chicos Portales; ocasional

Los encantados Chicos y chicas Plaza y pórtico

Los lobos Chicos y chicas Plaza y alrededor del Casino; recreos

Los santos Chicos Cualquier lugar, otoño- invierno

Los tiragomas
(tirachinas) Chicos Cualquier lugar; primavera
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María Subiré Chicas y chicos separados Portales; ocasional, invierno

Pelota Chicos Frontón y Portales; todo el año

Tres navíos... Chicos y chicas Todo el pueblo, en ocasiones

Triángulo (chapas) Chicos Plaza ; primavera

Un, dos, tres... Chicos y chicas Portales, durante el curso escolar

miércoles, 10 de junio de 2009

Algunos juegos | Fotos.

La soga :



El futbol-chapa :



El diábolo :



El tiro al parquímetro :



Son algunos juegos que se jugaban antes.

domingo, 7 de junio de 2009

''La Soga''



La Soga uno de los juegos preferidos de las chicas.

Jugamos como antes

Ahora parece que sólo sabemos jugar con mandos en la mano, pero antes, en tiempos de nuestros abuelos,los niños y niñas jugaban a juegos fantásticos que descubrian.



''La gallina ciega'',un juego de niñas

La gallina ciega. La chica con ojos vendados, que estaba en el medio de la ronda debia adivinar; tocandole la cara, quien quedaba enfrente de ella.






Juegos de grupo de niñas

Un grupo de niñas, tomadas de la mano, Iniciaba un juego de ronda y comenzaba a girar rítmicamente, mientras otra, que se habla quedado "afuera", entablaba con ellas el siguiente diálogo:
- Don Juan de las Casas Blancas.
- ¿Qué dice su Señoría?
- ¿Cuántos panes hay en el horno?
- Veinticinco y un quemado.
- ¿Quién lo quemó?
- Este pícaro ladrón.
- ¡Ahorquenló por traidor!

El grupo se deshacía bulliciosamente al llegar a este punto porque era necesario "ahorcar" al "traidor". Pasado el alboroto la ronda volvía a formarse, pero esta vez la niña, ubicada en el centro cantaba:
Yo soy la viudita
del barrio del Rey,
me quiero casar
y no sé con quién.

Las integrantes de la ronda, sin dejar de girar, le respondían:
Si eres tan bella y
no sabes con quién,
elige a tu gusto que aquí tienes cien.

La ronda se detenía y la "viudita" procedía a elegir:
Con esta si,
con esta no,
con esta señorita
me caso yo.

La elegida pasaba a hacer de "viudita" en la vuelta siguiente, aunque casi de inmediato, con rara unanimidad, el grupo resolvía Jugar a aquello de:
Buenos días su Señoría,
mantantira lirolá.
¿Qué quería su Señoría?
mantantira lirolá.
Yo quería una de sus hijas...

O bien formaban rueda para contrapuntear con una solista, que alternativamente sacaba a bailar a cada una de sus compañeras: Solista:
Déjenja sola, solita y sola,
que la quiero ver bailar,
saltar y brincar,
andar por los aires y
moverse con mucho donaire.

Coro: Busque compaña, busque compaña,
que la quiero ver bailar,
saltar y brincar, andar por los aires
y moverse con mucho donaire

sábado, 6 de junio de 2009

Comparaciones entre antes y ahora.

Nosotros deberíamos ser más agradecidos. Antes de la guerra de las consolas y Mario Bros, la diversión no era tan fácil de encontrar. Hoy podremos tener televisiones de alta definición y videojuegos que parecen sacados del cine, pero antes las personas debían conformarse con máquinas recreativas y mucha imaginación. Estas máquinas ahora son verdaderas joyas de antaño, pero antes eran la fuente de diversión de miles de personas.

No siempre tuvimos los videojuegos al alcance de la mano y mucho menos los jugábamos sentados en nuestro sofá o escritorio del PC. En algún momento era necesario utilizar nuestra imaginación (y usarla mucho) y en ocasiones era ineludible ir hasta un lugar especial y pagar por dicho entretenimiento. Eran épocas difíciles, sin duda. Al hablar de “los juegos antes de los videojuegos” no nos referimos a obviedades como juegos de mesa o juegos de rol, sino aquellos que hoy podríamos considerar antepasados de los videojuegos, como las máquinas recreativas mecánicas o juegos de novedad.


Mucho antes de que alguien sepa quién era Pac-Man, durante los años 40, existían lugares, donde las personas iban a divertirse con los juegos más novedosos del momento. Tal como los centros de recreativas, estos lugares estaban repletos de máquinas de todo tipo. Algunos de estas eran adivinos, tiro al blanco, juegos de carrera y hasta algunos de deportes. Funcionaban de forma mecánica y tragaban monedas que daba miedo, tal como lo hicieron algunas recreativas mucho más nuevas.

¿A qué jugabas más?

La lopa 1 2.38%
La escondida 36 85.71%
Poliladron 18 42.86%
La mancha 18 42.86%
La Rayuela 7 16.67%
El Elastico 6 14.29%
Saltar la soga 4 9.52%
A Las Muñecas 2 4.76%
A La Maestra 1 2.38%
Otros....especificar 8 19.05%